La Vulnerabilidad de Amanda Knox

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El caso Amanda Knox no tuvo en España el impacto mediático que tuvo en otros países. Ni nos jugábamos el orgullo nacional teniendo que demostrar que nuestra policía y sistema judicial eran infalibles como los italianos, ni nos preocupaba que una ciudadana americana pudiese estar cumpliendo condena, ¿injustamente?, en un alejado país europeo.

El documental nos guiará por el asesinato de Meredith Kercher, estudiante  inglesa que compartía piso en Perugia (Italia) con Amanda Knox y que fue encontrada salvajemente violada y asesinada la mañana del 2 de noviembre de 2007. Amanda Knox y su novio Raffaelle Sollecito fueron condenados por el crimen a 26 y 25 años respectivamente, posteriormente fueron absueltos. El único condenado fue Rudy Guede un delincuente habitual.

La cinta que nos ofrece Netflix es aséptica y objetiva, en contraposición a los hechos y los protagonistas los cuales parecen sacados de un guión cinematográfico: el amante italiano, la sexualmente liberada americana, el misterioso inmigrante de Costa de Marfil… y son los que dan auténtico interés a una historia que a fecha de hoy sigue presentando grandes contradicciones y claroscuros. A pesar de ello, Amanda  Knoxse aleja de “Making a murderer” o “The Jinx”, ya que en momento alguno pretende excarcelar o desenmascarar a alguien, se limita a la exposición de lo sucedido para que el espectador juzgue si así lo quiere, o simplemente conozca lo acontecido.

Esta objetividad desde el punto de vista narrativo se quiebra con las apasionadas declaraciones de los protagonistas entre las que destacaría el fiscal, un entusiasta de Sherlock Holmes, y sobre todo el controvertido periodista inglés Nick Pisa, cuyo impagable testimonio describe el aborrecible tratamiento mediático que se hace de determinados procesos judiciales y como la prensa puede absolver y condenar según sus propios intereses, destacando el morbo, lo sórdido, el dolor… incluso trivializando el asesinato, todo en pro de una portada.

Y Amanda, por supuesto, a quien no se le puede negar que tiene un increíble magnetismo, que mira de frente a la cámara, que llora, que defiende su inocencia. Una Amanda que ríe de forma frívola y superficial en el juicio; y una Amanda, quien a fecha de hoy, aparece notoriamente desmejorada cocinando en su destartalada casa  llena de gatos en Seattle. Como dice ella “o soy una psicopata con piel de cordero o soy tú” de nosotros depende elegir quién creemos que es Amanda.